Entre 100.000 y 250.000 años atrás, hizo su aparición en escena el oso polar. Hoy es una especie en extinción que hay que cuidar y valorar mucho. Estudios recientes han demostrado que el oso polar no es sino una mutación o derivación del oso pardo. Hace alrededor de 100.000 años estos grupos habrían atravesado el Estrecho de Bering y llegado a América, quedando atrapados en el hielo.
Se cree que hace alrededor de 100.000 años estos grupos habrían atravesado el estrecho de Bering y llegado a América, quedando algunos de ellos atrapados en el hielo. La hostilidad del ambiente y la falta de alimento obligaron a una adaptación gradual al medio (incluyendo el cambio de color en el pelaje), hasta llegar al ejemplar que hoy conocemos. De todos modos, el oso polar no es considerado una subespecie del oso pardo, ya que se diferencian completamente en su hábitat y comportamiento.
Existen seis poblaciones de osos polares según el sitio geográfico que habitan: Oeste de Alaska y la isla de Wrangel, Norte de Alaska, Canadá (60% del total), Groenlandia, Svalbard-Tierra de Francisco José y Siberia.. Su anatomía está íntimamente relacionada con su hábitat: su perfil es más alargado que en las otras poblaciones (hidrodinámico), las patas están más desarrolladas ya que debe recorrer y/o nadar grandes distancias para conseguir alimento, los dedos palmeados facilitan la natación y las almohadillas planta- res cubiertas de pelos rígidos y cortos actúan como antideslizantes en la nieve y el hielo, a la vez que lo aíslan del frío. Las orejas y la cola son pequeñas en relación a su tamaño, pero esto también es una adaptación ya que de ese modo pierden menos calor. Y si hablamos de aislante térmico, la estrella es sin duda su extraño pelaje, que no es en realidad blanco sino translúcido y hueco. Son pequeños conductos que se llenan de aire y lo mantienen caliente. La radiación solar hace que se vea blanco. Bajo esta densa capa de pelo, tiene una piel negra que atrae esa radiación y aumenta el calor corporal. Y bajo la piel, una gruesa capa de grasa que sólo se adelgaza en la cabeza. Durante el verano pierde peso y eso le ayuda a irradiar el exceso de calor. Sus ojos en posición frontal le permiten una buena apreciación de las distancias. Pero su visión no es mejor que la de otros animales. Es su extraordina- rio olfato el que le permite olfatear sus presas inclusive a largas distancias.
Los machos adultos llegan a pesar entre 400 y 500 kg. (pudiendo incluso llegar a 800 kg.) y miden un promedio de 2,5 mts de largo. Las hembras están alrededor de los 2 mts. y su peso es de entre 200 y 300 kg.
El período de apareamiento es entre abril y mayo, aunque los óvulos recién se fertilizan en septiembre. La hembra en gestación busca un refugio en el hielo espeso o la tierra firme donde permanecerá sin alimentarse hasta que su cría deje de amamantar, cinco meses después del nacimiento. Al nacer, las crías (promedio 2 por camada) son ciegas y sin dientes, miden 3 dm. de largo y pesan alrededor de 700 gr. A los tres meses adquieren su pelaje. Durante los siguientes cinco meses posteriores al amamantamiento aprenden a localizar comida y continúan conviviendo con su madre hasta los dos años de edad. La alimentación del oso polar se compone en un 85% de la foca anillada, a la que se agregan peces, morsas y ocasionalmente alguna ballena beluga. En tierra son principalmente herbívoros, aunque han comenzado a desarrollar nuevos hábitos alimenticios, como la caza de patos y otras aves marinas. La ciudad de Churchill, en la Bahía de Hudson, al noreste de Canadá, es la “Capital Mundial de los Osos Polares”. Allí se detienen estos animales cada otoño, para alimentarse antes de continuar su migración a los hielos árticos, más al norte.

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